PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID (dicho sea de paso)

Madrid te da la bienvenida sin preguntarte de donde vienes. Se viste de largo para recibirte y alarga sus noches para que los recuerdos no te olviden. Madrid dibuja calles en mapas que no existen.

En Madrid los gatos vigilan tras las cortinas, observan a los que llegan para comenzar una vida. Muchos madrileños tienen un pueblo al que regresar, porque de allí salieron los familiares valientes que partieron años ha. En Madrid hay pijos y yonkis, barrios y barriadas, adoquines amarillos y calles Reales, putas, nostálgicos, trabajadores y gobernantes, ciclistas y patinetes. Churrerías y pinchos. Lujo y pobreza. Madrid es caos y desorden. Ruido y bullicio. Gin a cualquier hora, restaurantes con estrella o con cerveza en botella. Conciertos clandestinos y grandes recintos atestados de público, teatros con butacas de terciopelo rojo y salas diminutas, librerías y museos, galerías y artistas callejeros. Universidad y escuela. Bares y salas de fiesta.

Madrid aparece tras el mostrador cuando el turista llega. Todo lo que quieras, le dice, tenemos todo lo que puedas necesitar en esta vida o en cualquier otra.

Incluso el silencio. Madrid también es silencio, y cobijo, y refugio, y escondite. Es el lugar en el que se encuentran los amigos para toda la vida. Y los amores fugaces. Y los amantes invisibles.

A Madrid le debemos parte de lo que somos.

Las niñas ya no quieren ser princesas

PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID (Joaquín Sabina)
Allá donde se cruzan los caminos
Donde el mar no se puede concebir
Donde regresa siempre el fugitivo
Pongamos que hablo de Madrid

Donde el deseo viaja en ascensores
Un agujero queda para mi
Que me dejó la vida en sus rincones
Pongamos que hablo de Madrid

Las niñas ya no quieren ser princesas
Y a los niños les da por perseguir
El mar dentro de un vaso de ginebra
Pongamos que hablo de Madrid

Los pájaros visitan al psiquiatra
Las estrellas se olvidan de salir
La muerte pasa en ambulancias blancas
Pongamos que hablo de Madrid

El sol es una estufa de butano
La vida un metro a punto de partir
Hay una jeringuilla en el lavabo
Pongamos que hablo de Madrid

Cuando la muerte venga a visitarme
Que a mí me lleven al sur donde nací
Aquí no queda sitio para nadie
Pongamos que hablo de Madrid

Pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid

YO ME BAJO EN ATOCHA (Joaquín Sabina)
Con su boina calada, con sus guantes de seda,
Su sirena varada, sus fiestas de guardar,
Se vuelva usted mañana, su sálvese quien pueda,
Su partidita de mus, su fulanita de tal

Con su todo es ahora, con su nada es eterno,
Con su rap y su chotis, con su okupa y su skin,
Aunque muera el verano y tenga prisa el invierno,
La primavera sabe que la espero en Madrid

Con su otoño Velázquez, con su Torre Picasso,
Su santo y su torero, su Atleti, su Borbón,
Sus gordas de Botero, sus hoteles de paso,
Su taleguito de hash, sus abuelitos al sol

Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo,
Su dieciocho de julio, su catorce de abril
A mitad de camino entre el infierno y el cielo
Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid

Aunque la noche delire como un pájaro en llamas
Aunque no dé la gloria la Puerta de Alcalá
Aunque la maja desnuda cobre quince en la cama
Aunque la maja vestida no se deje besar

Pasarela «Cibeles», cárcel de Yeserí­as,
Puente de los Franceses, tascas de Chamberí­
Ya no sueña aquel niño que soñó que escribí­a,
Corazón de Marí­a, no me dejes así­

Corte de los Milagros, Virgen de la Almudena,
Chabolas de uralita, Palacio de Cristal,
Con su no «pasaran», con su «vivan las caenas»
Su cementerio civil, su banda municipal

He llorado en Venecia,
Me he perdido en Manhattan,
He crecido en la Habana,
He sido un paria en Parí­s
México me atormenta, Buenos Aires me mata,
Pero siempre hay un tren
Que desemboca en Madrid

Pero siempre hay un niño que envejece en Madrid,
Pero siempre hay un coche que derrapa en Madrid,
Pero siempre hay un fuego
Que se enciende en Madrid,
Pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,

Pero siempre hay un sueño
Que se despierta en Madrid,
Pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid

Ya no sueña aquel niño que soñó que escribía

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