
En épocas tormentosas, el sol, cual vasto ariete, rompe, penetrando entre las nubes como abriéndose camino en un sinfín de direcciones.
El destrozo es tal que la luz, potente y rota, parece llorar ensangrentada. Las nubes, intentan en vano recomponerse. A lo lejos, en el horizonte, algo nos recuerda que llegará la calma.
Mientras, en medio del caos, el paisaje permanece inerte… como ajeno a la escena.






































Un cielo que estalla enloquecido. Una tormenta que no se define. No deja ver si va a cesar o va a continuar. Un cielo en llamas que no deja indiferente. Enhorabuena.
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Me encanta. Que bonito.
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