Uno de los recuerdos que mejor guardo es ver como crecía en el patio de casa ese par de flores de pato que mi madre solía tener entre decenas de otras macetas de múltiples formas y colores.
Ésta, que hoy represento aquí, quizás fue, aún sin saberlo, la última que nació de sus manos.
Inmortalizada en principio en una foto, hoy rindo tributo aquí con esta simulación de acuarela, a esta flor, fruto de esas manos únicas que tenía para las plantas.
Va por tí, «Chica».






































Flores q nunca se marchitarán en la memoria, felicidades!
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