
Considero que nada sucede por casualidad. En el fondo, las cosas tienen un plan, aunque nosotros no lo entendamos. Se supone que vamos siempre hacia adelante, pero muchas veces nos empeñamos en intentar conseguir justo lo contrario. Parece como si quisiéramos ir al revés y vivir hacia atrás.
Bueno, escribo desde la obsesión que tenemos de recordar y volver a recordar el pasado hasta acabar idealizándolo, para bien o para mal. Y es que lo idealizamos tantas veces que acabamos arruinando el presente con preocupaciones, sueños muertos y arrepentimientos. Ese lugar donde fuiste feliz ya no se parece al que tenemos guardado en nuestra mente.
El éxito está en dejar al pasado, al recuerdo, en su lugar, respetándolo, viéndolo, pero no regresando. Que el tiempo se encargue de él.
Si me preguntan, ¿regresarías al lugar donde alguna vez fuiste feliz? Mentiría si dijera que no. Quizás por eso, le doy la razón al maestro Sabina.
Hay canciones que tienen una melodía especial que las hace únicas, hay canciones que tienen una letra tan lograda que cualquier verso tiene sentido por sí solo, hay canciones que al ser interpretadas por distintas voces renacen, incluso hay canciones que nacen como un regalo.
Y luego está, si acaso, “Peces de ciudad”, que cumple con todos estos requisitos además de ir trasladándonos a los parajes que va describiendo.
En «Peces de ciudad», según la versión que escuchemos, se cita Comala (Sabina) y Macondo (Ana Belén). Ambos pueblos tienen dos semejanzas esenciales:
1) El cerrarse al tiempo, el rencor y la soledad.
2) Sus apariciones y presencias. Tanto Comala como Macondo son pueblos negados a trascender más allá del tiempo de las novelas.
¿Que a qué viene esto? Pues a que es muy tarde. Tanto que, más que tarde ya es temprano, que las musas, egoistas ellas, amenazan con pirarse y que fuera hace frio y está lloviendo.
PECES DE CIUDAD (Joaquin Sabina) (1)
Se peinaba a lo garçon
La viajera que quiso enseñarme a besar
En la gare d’Austerlitz
Primavera de un amor
Amarillo y frugal como el sol
Del veranillo de San Martín
Hay quien dice que fui yo
El primero en olvidar
Cuando en un si bemol de Jacques Brel
Conocí a mademoiselle Amsterdam
En la fatua Nueva York
Da más sombra que los limoneros
La estatua de la libertad
Pero en Desolation Row
Las sirenas de los petroleros
No dejan reír ni volar
Y, en el coro de Babel
Desafina un español
No hay más ley que la ley del tesoro
En las minas del rey Salomón
Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel
Por mis sueños va, ligero de equipaje
Sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje
Luciendo los tatuajes de un pasado bucanero
De un velero al abordaje de un, de un no te quiero querer
Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar
Al país donde los sabios se retiran
Del agravio de buscar labios que sacan de quicio
Mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen
El cristal de los acuarios de los peces de ciudad
Que mordieron el anzuelo, que bucean a ras del suelo
Que no merecen nadar
El Dorado era un champú
La virtud, unos brazos en cruz
El pecado, una página web
En Comala comprendí
Que al lugar donde has sido feliz
No debieras tratar de volver
Cuando en vuelo regular
Pisé el cielo de Madrid
Me esperaba una recién casada
Que no se acordaba de mí
Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel
Por mis venas va, ligero de equipaje
Sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje
Luciendo los tatuajes de un pasado bucanero
De un velero al abordaje, de un, de un liguero de mujer
Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar
Al país donde los sabios se retiran
Del agravio de buscar labios que sacan de quicio
Mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen
El cristal de los acuarios de, de los peces de ciudad
Que perdieron las agallas en un banco de morralla
En una playa sin mar
(1) Joaquín Sabina, autor de Peces de Ciudad, regaló la versión original de la canción a Ana Belén, que la interpreta magistralmente. No es la primera vez que esto ocurre. También hizo lo propio con «A la sombra de un león» allá por 1988.
Peces de Ciudad, fue también interpretada en acústico (solo con guitarra por Rozalén, ) en un homenaje que se le hizo a Ana Belén dejando atónitos a propios y extraños.






































