Había una vez un árbol solitario que soñaba con ser artista, con expresar su belleza de una manera única y especial. A pesar de las dudas y las burlas de los demás árboles, que lo veían como una idea absurda, el árbol solitario persistió en su sueño. Cada día buscaba inspiración en los colores del cielo y en de las florecillas que convivían a su lado.
Finalmente, un día, alguien que vagaba por el campo descubrió al árbol solitario. Quedó asombrado por su belleza y decidió inmortalizarlo. La obra se convirtió en un símbolo de inspiración para muchos, demostrando que incluso lo que parece improbable puede convertirse en arte. Y así, el árbol solitario encontró su lugar en el mundo como el artista que siempre había deseado ser.
Lluvia… cielo gris… música lenta que cae suave, como lágrimas de vida que nos enseñan a valorar esas cosas que se dicen sin hablar.
Está claro que hay un antes y un después de haber llovido. El olor de la tierra, despertando en los sentidos los mil y un aromas y sonidos junto a ese frescor cristalino que desprende el brillo de la vegetación, con ese verdor que se multiplica, como escribió Rafael Sánchez Ferlosio en Alfanhuí: «Había verdes que parecían iguales y, sin embargo, el agua, al mojarlos, sacaba de ellos un brillo oculto y los revelaba diferentes. Y estos eran los llamados ‘verdes de lluvia’, porque solo bajo la lluvia se daban a conocer».
Dejemos, pues, que la lluvia inspire nuevos caminos y agradezcamos su mágica presencia que, a menudo, es imprevista y que no podemos controlar. Pero siempre hay algo misterioso en su presencia que nos infunde respeto, como si fuera un rito inmemorial al que la naturaleza nos invita con ese tono melancólico y lacio que suele acompañar cuando nos mece con su canción ininterrumpida y suave para enseñarnos que nada acaba para siempre, que todo se transforma y que nada muere si ella está allí.
La primavera nos debía unas lluvias y nos está recompensando. Y yo te agradezco, lluvia, tus blancas gotas de vida y tu incorregible magia de inundarnos de paz.
Es fácil para el caminante encontrar en la ribera de los caminos estos imponentes mastodontes de flor amarilla que en su plenitud pueden llevar alcanzar hasta cuatro metros de altura. Tiene varios nombres. Ginesta, gayomba (o gallomba) y retama de olor. Es la flor por excelencia de Cataluña y ya en la época celta se le consideraba una planta con poderes estraordinarios contra maleficios.
Cuenta la leyenda que en la planta de la retama se encuentra el secreto de la inmortalidad. En su raíz más profunda, la más delgada, la que más se adentra en las entrañas de la madre tierra, se encuentra una bolita redonda o nabillo, que llamaban “panacea”. Comerla hacía nacer los dientes y muelas, aclaraba la vista, teñía el pelo, renovaba la sangre y devolvía a los viejos la añorada juventud.
Un barco propulsado por energía 100% solar te adentra por el rio Bembézar hasta donde el tiempo se para llegando hasta el Seminario de lo Ángeles. La vista no se acostumbra a unos paisajes tan diferentes a los que vemos cada día. Cuevas, rocas, rincones inusitados incluso alguna playa que deja el terreno hace que sea un flechazo a los sentidos. Lo que ya se conoce como los fiordos cordobeses hacen que, a poco más de 50 km del ritmo frenético de la ciudad, te traslades a lugares que para nada nos hacen pensar que estamos en pleno corazón andaluz. La imaginación de cada uno se traslada a ese lugar al que le recuerda la zona, el norte, la jungla, el Amazonas, el Caribe, escenarios de películas varias, incluso fiordos, todos los ejemplos son válidos e intentan sin conseguirlo identificar un paisaje que no tiene ejemplos en nuestra retina, un paisaje que es único e increíble, como sacado de un cuento.
Y es que el Parque Natural de Hornachuelos (1), en sus 67.202 hectáreas de extensión, acoge a una gran cantidad de aves de especies en peligro de extinción como el águila imperial, la cigüeña negra, el buitre aleonado… por lo que será una oportunidad única para poder observar en su hábitat natural a estos magníficos ejemplares. Por otra parte, alcornoques, encinas, quejigos, lentisco, arrayán, algarrobo, cornicabra, madroño, jara, zarzaparrilla, fresnos, sauces y palmitos son sólo parte de la flora de la que se puede disfrutar si lo que eliges es un trazado a pie por el entramado de rutas de senderismo que te ofrece la zona.
(1)Situado en las faldas de Sierra Morena, al oeste de la provincia de Córdoba (limitando con el parque natural Sierra Norte de Sevilla) a poco más de 50 kilómetros de Córdoba, se sitúa el Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos, Tiene 67.202 hectáreas entre los términos municipales de Hornachuelos, Posadas, Almodóvar del Río y Villaviciosa de Córdoba. Fue declarado parque natural el 28 de julio de 1989.
Una leyenda sostiene que un grupo de guerreros escoceses que se encontraba durmiendo se salvó de ser atacado por un ejército de invasores nórdicos cuando uno de estos pisó la espinosa planta. Su grito de dolor despertó a los adormilados guerreros que derrotaron a los invasores y adoptaron el cardo como símbolo nacional.
Por supuesto, no hay ni un solo dato histórico que respalde esta versión, pero no deja de ser una historia curiosa.
Lo que si es verdad es que el cardo constituye un importante símbolo de la heráldica escocesa desde hace más de 500 años. También representa uno de los honores más grandes que este país puede otorgarle a una persona. Fundada por Jaime III en 1687, la Antiquísima y Muy Nobilísima Orden del Cardo en una orden de caballería que se concede a aquellos individuos que han realizado una contribución significativa a la vida de la nación escocesa y a la del Reino Unido en general. Su Majestad el Rey es el único que puede investir a los miembros de la Orden del Cardo.
Las Lagunas de Ruidera, es un paraje de gran belleza con singularidades paisajísticas y geológicas, localizado en Castilla La Mancha, en los límites de las provincias de Ciudad Real y Albacete. Este parque natural está formado por un complejo sistema lagunar compuesto por quince lagunas, que a lo largo de 30 kilómetros constituyen el valle del Alto Guadiana y en su parte más alta el lugar de nacimiento del río Guadiana.
Ruidera es uno de los parajes naturales más sorprendentes de España, un lugar de gran valor paisajístico, con diversidad de ambientes para descubrir y recorrer conociendo sus lagunas, disfrutar de inmensas lagunas, de aguas trasparentes e intenso color azul turquesa. Las quince lagunas se rebosan e inundan unas a otras formando cascadas y saltos debido a formaciones geológicas como las barreras travertínicas. Estas son el rasgo más característico de este parque natural. Alberga una sorprendente riqueza biológica con gran diversidad de especies animales y plantas, montes de encinares y sabinares, sotos, arboledas de Álamos y vegetación palustre como la Masiega o la Enea.
El espectáculo visual de este oasis en medio del Campo de Montiel te sorprenderá. La belleza paisajística de este Parque Natural, uno de los más bonitos de España, no deja indiferente a nadie.
Pero las Lagunas de Ruidera no solo son un paraje natural de una belleza impresionante sino que forman parte de la literatura universal gracias a su relevancia en El Quijote.
A camino entre la historia y la leyenda, las Lagunas de Ruidera y el Campo de Montiel surgen como espacio de inspiración para Cervantes. El lugar sobre el que Cervantes creó el Quijote y las aventuras del caballero soñador y su acompañante Sancho Panza..
La Cueva de Montesinos es el enclave más importante de las Lagunas de Ruidera en El Quijote. A ella desciende el personaje y en ella tiene un sueño mágico que dura cuatro días. Es el lugar en el que su fantasía, su ilusión, se convierte en realidad. El lugar ya era un espacio propio de leyendas locales. Pero seguramente nadie podría imaginar que sería conocida en todo el mundo y a lo largo de los siglos por obra y gracia de Miguel de Cervantes.
Ruidera se declaró como parque natural en el año 1979.
CITA (De cuando el Quijote se dispone a entrar en la Cueva de Montesinos)
En estas y otras gustosas pláticas se les pasó aquel día, y a la noche se albergaron en una pequeña aldea, adonde el primo dijo a don Quijote que desde allí a la cueva de Montesinos no había más de dos leguas, y que si llevaba determinado de entrar en ella, era menester proveerse de sogas, para atarse y descolgarse en su profundidad.
Don Quijote dijo que aunque llegase al abismo, había de ver dónde paraba; y, así, compraron casi cien brazas de soga, y otro día a las dos de la tarde llegaron a la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahígos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas, que de todo en todo la ciegan y encubren. En viéndola, se apearon el primo, Sancho y don Quijote, al cual los dos le ataron luego fortísimamente con las sogas; y en tanto que le fajaban y ceñían, le dijo Sancho:
—Mire vuestra merced, señor mío, lo que hace: no se quiera sepultar en vida, ni se ponga adonde parezca frasco que le ponen a enfriar en algún pozo. Sí, que a vuestra merced no le toca ni atañe ser el escudriñador desta que debe de ser peor que mazmorra.
—Ata y calla —respondió don Quijote—, que tal empresa como aquesta, Sancho amigo, para mí estaba guardada (…)
En el bosque, los árboles te rodean, se ciernen sobre ti, te presionan por todos lados, te bloquean las vistas, y te dejan desorientado y sin referencias. Te hace sentirte pequeño, confuso y vulnerable, como un niño pequeño perdido entre una multitud de piernas extrañas. Es entonces cuando percibes que reina el silencio como en un alma feliz, como en el interior de un templo; o como en castillos de cuentos hechizados y soñados donde hay tal solemnidad que las imaginaciones más grandiosas y bellas se apoderan por sí solas del caminante.
El bosque es lugar vasto, desconocido….y está vivo.