
Granada, aparte de sus muchos atractivos, cuenta con una de las puestas de sol más espectaculares que conozco.
La explosión de color que aparece, casi por capricho, en las tardes de otoño-invierno, junto a una Sierra Nevada pletórica de nieve, hacen que Granada se convierta en un placer para los sentidos.
» … y el ciprés, siempre el ciprés, atento, vigilante, expectante, erguido, dejándose bañar por la cálida luz de otoño»



















































