
Hace unos años me encontré con estos dos girasoles.
Habían nacido de manera silvestre en una rendija producida en el asfalto en pleno arcén de una carretera.
Sin cuidados, sin riegos oportunos salvo los producidos por la lluvia, y en una época poco propicia para ello, estos dos productos de la naturaleza lucían bellos y radiantes como desafiando a la propia civilización.
Hoy los plasmo en este tema, con una técnica mixta mezclando un fondo con efectos de tiza y pastel y unos colores vivos en los girasoles, casi realistas a caballo entre el acrílico y la acuarela.


Uno de los recuerdos que mejor guardo es ver como crecía en el patio de casa ese par de flores de pato que mi madre solía tener entre decenas de otras macetas de múltiples formas y colores.







En los días de niebla y brumas, emerge solo entre las nubes, adquiriendo los colores típicos de la zona.






































