Sobre el Sena

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Il y a, entre Londres et Paris, cette différence que Paris est fait pour l’étranger et Londres pour l’Anglais. L’Angleterre a bâti Londres pour son propre usage, la France a bâti Paris pour le monde entier.

Entre Londres y París, la diferencia radica en que París está hecha para los extranjeros y Londres para los ingleses. Inglaterra ha edificado Londres para su propio uso y Francia construyó París para el mundo entero.

Texto: Ralph Waldo Emerson

Flor del cerezo en el Valle del Jerte

flor del cerezo

     Todos los años, en el inicio de la primavera, la naturaleza nos regala la belleza en forma de estas pequeñas y blanquecinas flores.

      La explosión de color es tal, que el Valle del Jerte (Cáceres/Extremadura), durante un escaso suspiro de tiempo, apenas un par de semanas, se tiñe por completo de blanco cuando la flor del cerezo surge por doquier sobre más de un millón de árboles custodiando el río que da nombre al valle cuyas aguas cristalinas riegan con generosa y fría abundancia las tierras jerteñas, dejando ambos lados del valle como si de una nevada se tratase.

      El blanco inmaculado de los cerezos, mezclado con el limpio azul del cielo provoca miles de sensaciones que respiramos a través de los cinco sentidos.

 

     En homenaje a mi tía Natalia, que nos hizo amar como nadie los encantos de esta tierra. 

 

 

 

Amasijo de hierros

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A priori, cuando se divisa desde una perspectiva más o menos certera, la torre Eiffel posee un encanto conmovedor que no deja indiferente a nadie.

Con sus 325 metros de altura domina con majestuosa soltura la linea del horizonte parisino, eclipsando a todo el conjunto de la ciudad. Hoy en día sería impensable imaginar un París sin su musa, sin su esbelta figura alzándose hacia el cielo.

Pero por dentro, cuando la divisamos desde los más profundo de sus entrañas, podemos ver que se compone de un amasijo de hierros. Eso sí, un amasijo de hierros pero… bellamente atornillados.

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Atardecer en la Carrera del Darro (Granada)

carrera del darro copia

En una simbiosis cromática, con unos tonos muy vivos, por encima de lo natural, la Carrera del Darro recoge la belleza que se derrama de su vecina la Alhambra a un lado, y del Albaycín, de otro. Su recorrido nos lleva por la ribera del río que le da nombre a través una linea de colores cálidos en un atardecer de ensueño.

Los amarillos de la izquierda chocan contra los eléctricos azules de un cielo que se resiste a ennegrecer mientras las luces de la ciudad iluminan los edificios en una sinfonía de pinceladas atrevidas.

La Carrera del Darro, calle granadina por excelencia, la calle más bonita del mundo, dicen.

Restábal (Valle de Lecrín)

Saleres

     Aparece la primavera en el valle, y los verdes explosionan por doquier. Los naranjos y limoneros muestran su esplendor máximo tomando su particular protagonismo hasta inundar todo la comarca con su inconfundible aroma a azahar.

   Y en medio, Restábal. Un pueblo que se deja querer por el paisaje, tumbado, sin sobresaltar, aunándose en torno a sí mismo ofreciendo al viajero un cruce de caminos donde los vientos del sur con sabor a costa mezclado con el del azahar hace que tome un carismático sentido.

 

Torre Comares (Alhambra)

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     Y de los azules y de los malvas nacen el rojo, el ocre, los naranjas….. y forman el conjunto de la Alhambra, y de ella, imponente, apuntando al cielo, el elemento más alto del momumento nazarí, la Torre Comares, en una mezcla entre lo natural y lo bello, y sus colores se derraman ladera abajo, buscando quizá el río Darro.

     Un cielo cálido, mezclado, arrebata casi sin querer el color rojizo de la torre, retándola en las alturas.

     El primer plano, inerte y sin motivo, sin protagonismo, se oscurece en una penumbra fría.

Pueblo colorista

pueblo colorista
Acrílico sobre tabla, 60 cm x 40 cm

     Y los tonos rojos llegaron para quedarse. Se establecieron en un primer plano casándose con los verdes como en una alianza indestructible dejando el protagonismo de los azules para la mitad superior del tema.

     Aunque en realidad es un pueblo ficticio, sacado de la imaginación, sus figuras geométricas, tanto de los edificios como de la colocación de los colores, te transfieren una visión única, lejos de la tónica de mi carácter pictórico.

       Con la salvedad del cielo y la montaña, elaborado en un tono casi monocromo, lejos también de esos cielos cálidos que me caracterizan, el resto son colores fuertes, casi agresivos, que se intercalan entre si formando una estructura geométrica entre rojos, verdes, naranjas, azules, celestes, ocres y amarillos.

        Los azules de la izquierda, en un estado casi puro, aportan cierta dosis de fuerza al cuadro.

Alhambra en azules y ocres

alhambra en azules y ocres

Con una delicada silueta, el perfil inequívoco de la Alhambra quiere, y consigue, confundirse con unos árboles armonizando sus colores y sus texturas.

Los elementos, según nos van acercando al monumento nazarí, ganan en intensidad convirtiendo a la Torre de la Vela con su campanario, en la gran protagonista.

En el centro de la imagen, unos tonos intensos de ocres mezclados con azules pardos y verdosos sujetan la escena dejando entrever la silueta de las murallas así como algún que otro ciprés que nos apunta directamente a un cielo muy licuado trabajado dentro de la gama de los azules, lo que nos aporta la frescura de una acuarela simple y limpia.

Cristal con flores

26 flores
Simulación de acuarela

     Intentando recoger y ordenar el ramo, el cristal, limpio, definido y transparente copa el centro inferior emergiendo entre una sombra opaca, terrosa que nos invita a vislumbrar un contraluz.

     En su interior, el ramillete de tallos se dispersa en el fondo, intentando en vano zafarse.

    Arriba, unas inacabadas flores, dispares y coloristas conforman la atención de la escena en un «caos» algo confuso, lo que confiere al ramo una soltura inusual, todo ello sobre un fondo, mezcla de azules y ocres.

 

Ensueños del Río Genil

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Ensueños del Río Genil. (F. García Lorca)   

Las alamedas se van,
pero dejan su reflejo.

(¡Oh qué bello momento!)

Las alamedas se van,
pero nos dejan el viento.

El viento amortajado
a lo largo, bajo el cielo.

(¡Oh qué triste momento!)

Pero ha dejado flotando,
sobre los ríos, sus ecos.

El mundo de las luciérnagas
ha invadido mis recuerdos.

(¡Oh qué bello momento!)

Y un corazón diminuto
me va brotando en los dedos.

 

Foto finalista en el 2017 en el V Concurso del Agua de la Fundación Agua Granada cuya temática fue…El Agua en la ciudad.

Imagen aportada por la autora, Pepa Morente.

Nace una leyenda

quini     De todos son sabidas mis preferencias deportivas. Yo, que siempre he andado practicando algún deporte, he pasado por infinidad de disciplinas hasta quedar anclado en el del pedal. El ciclismo, como bien dice el enunciado de este blog, no sólo ha sido y es un deporte para mí. Además de una gran pasión, es un estilo de vida.

     Pero eso no significa que no haya practicado otros deportes. Tenis, paddel, natación, atletismo, baloncesto (el que más después del ciclismo, incluso federado) y como no, el fútbol en sus múltiples variantes, ya sea de campo como de fútbol sala.

    En este último, quisiera pararme en este post, en el fútbol. Todos hemos tenido nuestros ídolos. Aquí la cosa era bien clara. O eras del Madrid, o eras del Barça. En mi caso, ni uno ni otro. A mí, lo que me gustaba (y no os podéis ni imaginar cuanto me alegro en la actualidad) era un equipo del norte, el Sporting de Gijón.

     A ciencia cierta no sé porqué motivo en especial. Ese equipo, a mediados-finales de los 70 no aparecía mucho por las noticias pero si es verdad que en esa época tenía un equipazo que tuteaba a los mismísimos grandes con sus figuras.

     Ese club (luego lo supe mucho después) se nutria de su escuela de chavales, la escuela de Mareo. Era fiel a sus principios y sembraba en los futuros los valores deportivos.

     Y ahí estaba él, Enrique Castro «Quini». El brujo le llamaban. Quini no marcaba goles, marcaba golazos.

     Recuerdo como vibraba la radio, la tele, cada vez que el brujo marcaba sin piedad, cada gol. Como ese personaje se hacía notar en el campo. No como ahora, que priman mucho más los resultados personales que los colectivos.

    Quini tenia ese don reservado solo a los grandes. Elegante, caballero, deportivo, talento, educado, señor….. Todos los equipos rivales lo querían y le temían.

     Quini hizo que yo fuese (y siga siendo) del sporting. Claro, ahora vendrá algún sagaz lector a echarme en cara mi debilidad por el barça. Pues si, lo reconozco. Me hice del barça el mismo día que Enrique Castro «Quini» fichó por el equipo blaugrana. Y aún sigo siéndolo pero cuidado, en un hipotético encuentro (y los ha habido en los últimos años) entre ambos equipos, mi preferencia será el equipo asturiano.

    Quini, quizás sea de los muy pocos futbolistas que se retiraron del fútbol profesional sin recibir (creo que) ninguna tarjeta amarilla. Nunca fue amonestado. Si marcaba por fallo del portero, iba a consolarlo. Recuerdo como incluso, alguna vez, llegó a pedir disculpas por un gol que no fue y se le otorgó a él. Fue caballero hasta para eso.

     Y no hay que recordar que este deporte, lleno de todo menos de fútbol, lo que se necesita para humanizarlo son muchos «Quinis».

    Ayer nos dejó. Su noble y gran corazón dijo basta y dejó de latir. Y dijo basta a destiempo porque este caballero tenía muchas cosas que enseñarnos todavía.

     Hoy, el mundo del fútbol llora su muerte. Sus compañeros, y sus «enemigos» deportivos se unen para decirle adiós y yo, ese chico que admiraba sus hazañas deportivas, no puedo más que sentirme agradecido por coincidir en mis tiempos de ídolos y de que «Quini» siempre estuvo (y estará) muy por encima de los Cruyff,  Maradonas, Romarios, Ronaldinhos y (con perdón) los Messis.

      Se nos ha ido un grande, pero nos nace una leyenda.

      Hasta siempre Brujo.

 

Ocaso

ocaso

     En épocas tormentosas, el sol, cual vasto ariete, rompe, penetrando entre las nubes como abriéndose camino en un sinfín de direcciones.

    El destrozo es tal que la luz, potente y rota, parece llorar ensangrentada. Las nubes, intentan en vano recomponerse. A lo lejos, en el horizonte, algo nos recuerda que llegará la calma.

     Mientras, en medio del caos, el paisaje permanece inerte… como ajeno a la escena.

MEZQUITA DE CÓRDOBA (interior)

 

mezquita de cordoba

     Uno de mis primeros trabajos con esta técnica y realizado para una exposición colectiva con temática sobre Córdoba organizada por mis compañeros y compañeras de la Asoc. de pintores Las Eras de Armilla.

       Podemos apreciar, que una vez realizado el trabajo, simulando la textura acrílica, la goma de borrar adquiere un gran protagonismo matizando en gran medida una capa superpuesta de color negro, la cual simula una aguada de tinta sobre acrílico, aportando cierta dosis de profundidad interior sobretodo en la parte inferior del tema.

     Por encima del tono oscuro, aparecen unos délibes destellos de luces a base de tonos malvas, verdosos, rosáceos, blancos y algún que otro azulado.