Simulación de acuarela con algún que otro trazo de lápiz de color.
Realizado a partir de una imagen tomada durante el Camino de Santiago 2017
El perfil de la ciudad, con su imponente torre catedralicia se convierte en protagonista en este contraluz realizado, incluyendo el cielo, en tonos ocres y tierras.
Capa tras capa, se advierte una transparencia de tonos violáceos, algún que otro malva y varias formas geométricas que, junto al dibujo angular exento de líneas curvas, escenifican una ciudad como Santiago.
El cielo, simple y monocromo, marca el centro del protagonismo, el perfil del Obradoiro.
Paisaje otoñal típicamente alpujarreño donde los tonos ocres y cobrizos son los protagonistas junto con el municipio de Mecina Fondales, ubicado en pleno corazón del Barranco de la Tahá (Alpujarra).
Panorámica de Moclín desde la Iglesia del Cristo del Paño
Parece que estamos abonados a la comarca. Si ayer fue en bici, hoy ha sido andando, eso sí, desde Olivares.
La Ruta del Gollizno transcurre de manera circular por el cauce del río Velillos y va desde Olivares hasta Moclín.
Realmente se puede iniciar tanto en Moclín como en Olivares, aunque recomiendo hacerlo desde Olivares, río arriba hasta llegar a la vertiente de Tózar, localidad también incluida en la ruta y que de por sí, se puede añadir para hacer algo más de kms.
El recorrido consta de apenas 8 km en total, pero 8 km realmente exigentes. Una vez se pasa la zona de las pasarelas, con su puente colgante incluido se inicia una ascensión por una zona escalonada y rocosa de aproximadamente 1 km, el cual nos saca a relucir nuestra forma física.
Una vez llegados a la cima, un mirador nos sorprende con una majestuosa panorámica de la zona, con municipios como Tózar y Limones como protagonistas, con sus torres vigías, inertes e impertérritas ante el paso del tiempo.
Después de una breve parada para tomar un poco de aire, se continúa la ascensión, en este caso de unos 2 km hasta Moclín, entre pinos y chaparros pasando por un asentamiento prehistórico en el cual se hallan aún restos de pinturas rupestres.
Una vez en Moclín, y después de deleitarnos con sus vistas, se inicia un precipitado descenso, en este caso por una pista forestal, mucho más cómodo que la subida pero no menos exigente hasta Olivares.
Ya en el pueblo, la andadura senderista termina, como mandan los cánones, en la Cafetería Los Martínez, donde el amigo Paco nos agasaja con su hospitalidad.
La ruta transcurre inicialmente por los pueblos típicamente lorquianos como son Fuente Vaqueros y Valderrubio, entre alamedas y una vega que agradeciendo las últimas lluvias, se encuentra exuberante.
Una vez llegados a Pinos Puente, la orografía cambia pasando del llano a una zona algo más montañosa, aunque el trayecto se hace, a decir verdad, prácticamente suave a lo largo del río Veillos.
Si quieres ver por donde pasa la ruta, pincha en AQUI
Simulación del trazo de la tiza y el pastel. Realizado sobre una base de color blanca, con las líneas en negro delimitando las formas, puede advertirse al fondo de la calle unos tonos acuarelados.
Los «tinaos» alpujarreños son esas terrazas construidas en las calles estrechas cruzando la calle entera. Esa construcción forma un pasadizo, en algunos caso de varios metros que resguarda del frio y la lluvia en invierno y de la calor en verano la entrada de la vivienda.
Vieja estación de tren de Granada pintada desde el puente de Villarejo allá por 1988.
Sorprende la vista de prácticamente toda la ciudad con el albaicin, la Alhambra, la catedral, el monasterio de San Jerónimo algo del barrio del Realejo y Sierra nevada.
Como anécdota, citar que el maquinista del tren protagonista me regalaba todos los días unos minutos de quietud para que pudiera pintarla. Todo un detallazo que, hoy en día, sería impensable.