De todos son sabidas mis preferencias deportivas. Yo, que siempre he andado practicando algún deporte, he pasado por infinidad de disciplinas hasta quedar anclado en el del pedal. El ciclismo, como bien dice el enunciado de este blog, no sólo ha sido y es un deporte para mí. Además de una gran pasión, es un estilo de vida.
Pero eso no significa que no haya practicado otros deportes. Tenis, paddel, natación, atletismo, baloncesto (el que más después del ciclismo, incluso federado) y como no, el fútbol en sus múltiples variantes, ya sea de campo como de fútbol sala.
En este último, quisiera pararme en este post, en el fútbol. Todos hemos tenido nuestros ídolos. Aquí la cosa era bien clara. O eras del Madrid, o eras del Barça. En mi caso, ni uno ni otro. A mí, lo que me gustaba (y no os podéis ni imaginar cuanto me alegro en la actualidad) era un equipo del norte, el Sporting de Gijón.
A ciencia cierta no sé porqué motivo en especial. Ese equipo, a mediados-finales de los 70 no aparecía mucho por las noticias pero si es verdad que en esa época tenía un equipazo que tuteaba a los mismísimos grandes con sus figuras.
Ese club (luego lo supe mucho después) se nutria de su escuela de chavales, la escuela de Mareo. Era fiel a sus principios y sembraba en los futuros los valores deportivos.
Y ahí estaba él, Enrique Castro «Quini». El brujo le llamaban. Quini no marcaba goles, marcaba golazos.
Recuerdo como vibraba la radio, la tele, cada vez que el brujo marcaba sin piedad, cada gol. Como ese personaje se hacía notar en el campo. No como ahora, que priman mucho más los resultados personales que los colectivos.
Quini tenia ese don reservado solo a los grandes. Elegante, caballero, deportivo, talento, educado, señor….. Todos los equipos rivales lo querían y le temían.
Quini hizo que yo fuese (y siga siendo) del sporting. Claro, ahora vendrá algún sagaz lector a echarme en cara mi debilidad por el barça. Pues si, lo reconozco. Me hice del barça el mismo día que Enrique Castro «Quini» fichó por el equipo blaugrana. Y aún sigo siéndolo pero cuidado, en un hipotético encuentro (y los ha habido en los últimos años) entre ambos equipos, mi preferencia será el equipo asturiano.
Quini, quizás sea de los muy pocos futbolistas que se retiraron del fútbol profesional sin recibir (creo que) ninguna tarjeta amarilla. Nunca fue amonestado. Si marcaba por fallo del portero, iba a consolarlo. Recuerdo como incluso, alguna vez, llegó a pedir disculpas por un gol que no fue y se le otorgó a él. Fue caballero hasta para eso.
Y no hay que recordar que este deporte, lleno de todo menos de fútbol, lo que se necesita para humanizarlo son muchos «Quinis».
Ayer nos dejó. Su noble y gran corazón dijo basta y dejó de latir. Y dijo basta a destiempo porque este caballero tenía muchas cosas que enseñarnos todavía.
Hoy, el mundo del fútbol llora su muerte. Sus compañeros, y sus «enemigos» deportivos se unen para decirle adiós y yo, ese chico que admiraba sus hazañas deportivas, no puedo más que sentirme agradecido por coincidir en mis tiempos de ídolos y de que «Quini» siempre estuvo (y estará) muy por encima de los Cruyff, Maradonas, Romarios, Ronaldinhos y (con perdón) los Messis.
Se nos ha ido un grande, pero nos nace una leyenda.
Hasta siempre Brujo.






































Un comentario muy sentido. Verdaderamente es una pena que se nos vayan las mejores personas.
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